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“Largo recorrido” por José Cereijo

MJMARTINEZ_LARGORECORRIDO_PORTADAEl pasado 5 de marzo tuvo lugar la presentación del libro Largo recorrido de María José Martínez en la librería Enclave de Libros de Madrid. El poeta José Cereijo fue el encargado de llevar a buen término la presentación que a continuación podéis leer.

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Este libro de María José Martínez que hoy presentamos, me parece presidido ante todo por una fe indesmayable. Tenemos aquí una voz que no ignora o minimiza el fracaso, la pérdida (léanse, por ejemplo, los últimos versos de “Agua vana”: malo es el cauce, vana la esperanza / y vacío el final), pero que a pesar de ellos, contra ellos y a veces incluso desde ellos, es capaz de alzar una voz a la que nada de eso rinde, una voz para la que incluso los suspiros llevaban pamelas de colores. Y no se piense, por esta última cita aislada, que la fe que decía, el impulso para seguir pese a todo adelante, nacen de un quitar seriedad o peso a las cosas del mundo, a sus dificultades o sus problemas (Amor, / espacio con sus sombras, nos dice), sino de algo que me resultaría difícil llamar de otro modo que una invulnerable inocencia, una capacidad insólita para mantener, contra todos los vientos, la llama de una fe viva, de una creencia irremediable: Mi ambición es la causa que espero tantos años. / Mi sol se manifiesta haciéndose esperar. Y quiero subrayar especialmente ese primer verso, que no dice, como quizá esperaríamos, mi ambición es la causa de que espere, sino es la causa que espero, como si el mundo finalmente hubiese de tener sentido pese a tantas cosas que lo niegan (Tiempo extraño a mí, como la vida, leemos), como si la espera misma, justificándose al fin triunfalmente, hubiera de ser la causa de aquello mismo que espera; como si la fe pudiese no sólo mover montañas, según la conocida imagen evangélica, sino crearlas.

Cómo no recordar aquí el célebre pasaje de las cartas de Keats relativo a la imaginación. Dice Keats: De nada tengo tanta certeza como de la santidad de los afectos del corazón y de la verdad de la imaginación. Lo que la imaginación percibe como belleza debe ser verdad –existiera antes o no–, pues tengo de todas nuestras pasiones la misma idea que del amor: todas son, en su parte más sublime, creadoras de belleza esencial. […] La imaginación puede compararse con el sueño de Adán, quien al despertar se encontró con que era verdadero. Una fe profunda en la afinidad última entre la estructura, o el sentido, de la imaginación y los del mundo, parece afirmar aquí que la espera puede confiar, porque en último término es creadora, acabará inevitablemente por engendrar lo que aguarda. Y no se crea que este paralelo con la afirmación de Keats sea meramente un rebuscamiento de quien les habla; el poema de la página 60 termina con estos versos: Soñar que es cierto y verlo / convertido en materia, lo que como se ve reproduce casi literalmente la cita de Milton (de su Paraíso perdido) de que se sirve Keats. Ignoro si María José conocía este pasaje y lo tuvo presente al escribirlos, pero de no ser así la coincidencia no sería, a mi parecer, mera casualidad, sino efecto de una misma causa, de una visión de lo real que tiene algo esencial en común con la manera de ver (y de sentir) del romántico inglés.    

La misma portada del libro, que desconozco si habrá sido elegida por la autora, parece especialmente apropiada aquí. Vemos en ella un tren que se acerca entre la niebla, y del que en realidad apenas son visibles más que las luces de cabecera de la locomotora. Una luz que (a pesar de todo) viene, que se acerca, aun entre la niebla: es, en efecto, una imagen justa para señalar lo esencial de lo que esta voz dice aquí: que esa espera (esa esperanza) tiene sentido, que aquello que espera acabará por emerger, a pesar de tanto como lo dificulta o aun lo niega. Y que, en efecto, viene; que esa luz no es sólo algo que está ahí, algo dado, sino fruto de un proceso, de un viaje, a cuyo final ha de hacerse presente. Véase el poema de la página 65, donde la voz poética dice aguardar a lo que califica, entre otras cosas, de luz de la que nada escapa, y a lo que se refiere más adelante diciendo Oculto por tantos velos / te espero por ver si pasas.

No supongo que el título sea fruto de esa misma idea; pero, si no es una convicción así la que lo dicta, es al menos resultado de un instinto muy seguro. La inocencia de la que hablaba al principio no es una inocencia originaria, efecto de la ingenuidad o del desconocimiento, sino una inocencia de vuelta, que sólo llega (que sólo puede llegar), en efecto, después de un largo recorrido vital. Cuánto peso de vida a mis espaldas, nos dice, para que el hilo de la inocencia se tiña de un instante de luz.

Un instante de luz; porque, como decía antes, esta fe no es ignorancia. Sabe lo precaria que puede ser, lo amenazada que está. En un poema amoroso al final del libro, se pide al otro No me dejes marchar aunque me llamen / las almas de los vivos y los muertos (un verso éste, de paso, que es difícil no ver en relación con los orígenes gallegos de la autora; y no sólo por las viudas de vivos e mortos / que ninguén consolará rosalianas, sino porque nada cuesta acordarse, ante esa llamada que se teme, de la Santa Compaña, de la cercanía y el temor con que el Otro Lado es visto en el imaginario popular gallego). En otro, en la página siguiente, se nos dirá que Sólo dentro se desenreda el tiempo. O sea, entiendo, la voz poética sabe que esa fortaleza donde las cosas, más que adquirir, han de rendir finalmente un sentido, donde ese tiempo que no ha llegado a entender y que, como ya cité antes, le es esencialmente extraño, como la misma vida, ha de volverse (de revelarse) camino y significación, es interior: es, de hecho, una conquista de quien, frente a una realidad hostil o incomprensible, ha sabido sin embargo encontrar dentro de sí la manera de hacerle frente, de hacer de esa Otredad que puede manifestarse tan poco habitable un lugar donde vivir, donde ganar la luz: Deja que la memoria del jardín despierte / los últimos anhelos que me llenan, / me reconozca… Y de esta manera, el largo recorrido de estas páginas puede terminar con una nota, como decía, de fe invulnerable, de certeza de una llegada: y se hace tan hermosa tu presencia, dice el último verso del libro. Y esa fe aparecernos no, como ya señalaba, resultado de la ingenuidad, sino audazmente justificada y comprensible.     

 

José Cereijo

Novedad: “Largo recorrido” de Mª José Martínez

MJMARTINEZ_LARGORECORRIDO_PORTADANatural de La Coruña, María José Martínez es licenciada en Farmacia por la Universidad de Santiago de Compostela. Prejubilada, actualmente cursa  diversos seminarios de Humanidades en la UCM. Ha publicado los libros El Gran Cardenal-Los Comuneros de Madrid (Ed. La Librería, Madrid, 2005), ¡Viva el rey! (Ed. Ñaque, Madrid, 2008), Los Iluminados y la Inquisición (Ed. Endymión, Madrid, 2009), La Voz que Falta (Ed. Torremozas, Madrid, 2010), Don Antonio Machado. Un breve recorrido por su vida y su obra (Ed. Endymión, Madrid, 2010), Conversaciones para un hombre solo (Ed. Antígona, Madrid, 2011),Yo, Venus. Una bomba para un rey (Ed. Endymion, Madrid, 2011) y El Pasillo de mi casa de Cuenca (Ed. Endymion, Madrid, 2013). Asimismo ha participado en las publicaciones conjuntas XIV selección de Voces Nuevas (Ed. Torremozas), Tejedores de Palabras eHistorias para viajes cortos. Ha recibido los premios “La Flor de Adamuc” y “Gregorio Peces Barba”, de la universidades Complutense y Carlos III respectivamente, entre otros.

Con esta larga trayectoria literaria llega a Lastura, donde ha publicado su poemario Largo recorrido, poesía clásica contemporánea caracterizada por su expresión reflexiva. En palabras del poeta Ángel Guinda, autor del prólogo, los poemas que conforman este libro “se dirían ecos de un éxtasis meditativo zarandeando el vértigo de la condición humana, resquebrajando las paredes de la casa del tiempo y del espacio para ver más allá de lo profundo”. Y añade: “El territorio humano de Mª José Martínez Sánchez  es su expresión, su comunicación, su cuerpo y su espíritu (pensamiento, inteligencia, sensibilidad, memoria y cultura), pero es también el mundo de las raíces personales, la climatología, el paisaje, la forma, los viajes. La geografía poética de la autora es la palabra como esencia de la vida, el abrazo entre impresionismo visual y expresionismo existencial, la indagación del yo hacia el conocimiento. Su poesía arranca con la activa contemplación del exterior como reflejo del propio interior y, al mismo tiempo, se complementa con la proyección de dicho exterior hacia el infinito íntimo personal”.