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Presentación de “Fragancia de limón” de Dorita García Blanco.

Nacida en Pola de Lena (Asturias) en 1945, Dorita García Blanco es una escritora tan prolífica como polifacética. Desde hace más de una década cultiva la poesía y la novela. En el ámbito de la narrativa ha publicado varios títulos como La casa de Quintana, Corea no es una península, La sombra de la llama o  los que forman  la colección “La fantasía del tiempo”: Una Ansellia africana para Marta, En el filo del obrador y El secreto de la melancolía, siendo este último el libro más vendido en la feria Libroviedo el año pasado. En el terreno poético ha publicado, entre otros, Sombras en el desván en el 2005 y La novia del agua en 2009. 

Ahora llega con Fragancia de limón bajo el brazo, un poemario íntimo que desprende esta fragancia tan dulce como amarga.  La prologuista Silvia Álvarez Franco, profesora de literatura en la Universidad de Oviedo y experta en Poesía dice de él: “Quien se adentre en este poemario fresco, sensorial, encontrará a la misma mujer que mece sílabas y desgrana significados, a la misma voz que se ahoga en tiempos y soledades mientras brota engrandecida y plena. Mujer o voz o palabra que se aproxima ahora reposada, exhalando Fragancia de limón, fecundando aromas jóvenes y maduros, vibrantes y ácidos como su yo, como la vida. Porque la poesía de D. García Blanco nace de quien ama la vida y la ha vivido con todas sus consecuencias («hay que sentir la vida para amarla/como solo se pueden amar las cosas que nunca se poseerán»), emana del dolor y su certeza, se expande con la fuerza y el tesón de su personalidad. Su poesía se muestra hoy, si cabe, más intensa y segura; lo evidencia esta fragancia que resbala en imágenes surrealistas, en sonidos puros, en métrica acorde a cada emoción, en expresiones sencillas y directas, en «serena tristeza». Dorita García Blanco se transparenta y reconoce en las palabras: palabras humildes «de trapo, madera y mano de hierro»; palabras rurales, dormidas en «antojanas», «enristradas en romero»; palabras sabias y desnudas que descubren verdades inevitables: «Tan solo queda nada». La autora se acurruca en símiles como la lluvia y el agua, la luna, el vino o el tren que la conducen hacia el futuro y la esperanza. Motivos presentes, por otra parte, en todas sus obras y que en su mayoría están tomados de la naturaleza, porque García Blanco deshila la naturaleza: naturaleza norteña y amante, cómplice y abrazo, que empapa de «racimos de lluvia», en la que se siente el crujir del laurel y se escuchan luciérnagas.”

Os invitamos a conocer su obra esta tarde, a las 19.30 h en el Café-Librería El Dinosaurio todavía estaba allí (Lavapiés – Madrid).